DIARIO NO TAN ÍNTIMO

Escritura, catarsis, reflexiones. La vida vuelta ficción.

Tenemos un grupo de WhatsApp con mis amigas del taller de Literatura. Hablamos de la vida, del trabajo, de nuestras realidades en la Argentina y fuera de ella. De las que quedamos, de las que se fueron, de las que se irán. De los hijos, de cómo crecen, de cómo se vuelven independientes. De los hombres, de los compañeros de vida, de los chongos. Qué paja las primeras citas. Dejen de perder el tiempo en Apps. Nos llevamos bien, nos matamos a veces pero lo normal de estar juntos todo el día y solos. Cada una con sus vivencias. Soy la menor del grupo, y por eso, algunas creen que conservo intacta cierta ilusión que prefieren no neutralizar. No se equivocan, a pesar de mis cientos, ¿cientos? (exagerada ella, siempre) de primeras citas, de algún modo, conservo cierta fantasía. No me enorgullezco ni me ruborizo. Debo ser una idealista del amor, una romántica empedernida, una jodida implacable que todavía no encontró la horma de su zapato. Claro, ancho 40 y medio y largo 41, no cualquiera maneja el calzado a medida. No me enorgullezco ni me ruborizo. Aunque mis relatos estén más cerca de un asiento contable que de las historias de amor.

Sigo apostando de un modo calculado. Era hora de que calcularas un poco, Amelita. Tan soñadora, vos. Tan novelera, vos. Tan dramática, vos. Tan manipuladora, vos. Tan enojona, vos. Tan caprichosa, vos. Tan de ir con tu corazoncito lábil, casi fuera de tu cuerpo, como una ofrenda para regalar a cualquier gil que te presta un poco de atención. Pero no me como el cliché de enfocarse en uno mismo porque para estar bien con otro, hay que estar bien con uno mismo. Astrólogos, coachs, gurúes repiten ese mensaje hasta el hartazgo en cientos de citas y alguna que otra reflexión personal. Me siento bien conmigo, tengo la suerte de hacer cosas que me gustan, de conocer otros mundos además del gastronómico, de aprender de personas con otros saberes que me fascinan, de tener el deseo como motor, de viajar con mi imaginación cuando no puedo tomarme un avión a la loma del ogt. Llegoa la conclusión de que tanto hedonismo lo convierte a uno en un sorete a la hora de relacionarse con otros, pierde la comunicación real y la empatía se vuelve un concepto completamente ajeno. Tengo que dejar de mirarme el agujero que tengo en la panza, abandonar mi frasco, levantar la vista para ver que Elena se rie como una loca, que ya come banana, batata y pescado al vapor, aunque la palta sola no le cabe tanto. Tengo que cumplir viejas promesas, y reservar la parilla para que Flor y Pepe hagan el asado dominguero tantas veces anunciado. Tengo que salirme de los quilombos del rubro y dejar de caminar en L preguntándome si soy feliz con las decisiones que tomo o si estoy tomando decisiones.

Tanto auto-foco me ha vuelto un ser hostil y pinchudo que se irrita cuando los hechos no se dan dentro de lo esperado, lo esperado para mí. Trabajo en una versión propia mejorada y el tiro me sale por la culata. Hasta que paro el carro, me doy un baño de realidad, entro al Hospital Infantil Gutiérrez y veo más allá de mi ombligo. Hay gente que asume lo que le toca en una cama, conectada a una máquina, entre 4 paredes en las que apenas pasa un rayo de luz. Madurá, Amelia. Tenés un cuerpo entero que puede levantarse de la cama todos los días y una mente activa y sana, aunque lo último podríamos objetarlo con solo leer algo de lo que escribís. Me fui por las ramas del árbol de la puerta del Cuchi que crecieron tanto que tapan el nombre del toldo.

Sigo apostando con cierta estrategia. Ay, Amelia, ahora sos estratega. Pero mirala a ella, que ya se la dio en la frente, la rodilla y la pera,  parace que tiene un plan. Se comió que era política. Mamá, vos nunca me dijiste nada para que me la crea un poco, así que en respuesta a ese complejo no tratado en terapia, voy a compartir estos 7 consejos de influencer sin influenciados:

  1. Evitar la palabra cita al acordar un potencial encuentro con un sujete. Aflojemos con la pelotudés del inclusive, que el tema no va por ahí. Cita es un término demodé y genera cierta cuarentena a lo coronavirus.
  2. Elegir un lugar neutral.  A lo de ni en tu casa, ni en la mía ni en un telúrico te agrego: elegir un lugar que no conozcas, o al que tengas ganas de ir a pasear, a comer, a beber. Una experiencia nueva te permite amortizar cualquier situación incómoda, a saber, falta de diálogo, conexión, química o sentido del humor. Si tenés que subtittular, ahí no es.
  3. Tener claro que química mata ilusión. El biri biri se puede ir alegremente a la mierda con solo rozarle los labios y no sentir el chispazo. It´s a kind of magic. En serio, se va todo al carajo sin chemistry loco. Claro, ahora entiendo todo. Cuando explicaban física y química, yo le daba al bombo leguero en la clase de música, o escribía pelotudeces en las hojas Rivadavia. Hoy lo vi a Fulanito y bailamos uno de Ricky Martin. Corazoncito, sticker, sticker posta, de felpa eh;  pedazo de guirnalda de un asalto pegado con cinta scotch del lado de atrás. Siempre prolijita, Amelia. Y pensar que la gente se casaba virgen, abueeelaaaa qué hiciste.
  4. Usar el predictivo. Una palabra impertinente puede dar pie a una conversación hilarante. No hay torso, billete, título u oficio que supla al uso correcto de la Lengua.
  5. Manejar expectativa cero. Ilusión cero. Alcohol cero. Paráaaaa. Porque nada puede garantizar una experiencia feliz, no importa la fuente de la que proceda el candidato, si su currículum fue referido por alguien de suma confianza, o fue reclutado personalmente. En tiempos modernos, de poco sirve haber hablado un mes, dos días, reconocer su voz o compartir fotos del perro, el sobrino o el florero.
  6. Reconocer cuando el otro está en un channel diferente, bebé. Sí, queride, toma tus cartas, tus cosas y nunca te arrepientas, dame la mano, un beso y pega la vuelta. Flasheó Agostini la piba. En serio, jugá limpio. Si no te gusta que te fantasmeen, no fantasmees. No te dejes fantasmear por ningún sujete que convulsiona con emojis o le huye al feedback.
  7. Marikondear la chongoteca. El orden y limpieza trae alegría. Reciclar hace bien. Si ya no te hace feliz, afuera.
    Que lo único que te deje recalculando sea la gallega del Waze. Les ame, Ame 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: