DIARIO NO TAN ÍNTIMO

Escritura, catarsis, reflexiones. La vida vuelta ficción.

No es casual que hace días, o tal vez años, le doy vueltas al hecho de escribir acerca de cómo conocí a mi primer amor de verdad, mi ex. En todas estas páginas no hice más que reescribir anécdotas acerca de los tipos que rompieron mi alma con mi consentimiento. Será que tanto pijazo fue la excusa para evitar lo genuino, permanente, aburrido, insoportable, amoroso, tierno, monótono. El primer hombre que conoció mi intensidad y se quedó para aguantarla fue Pablo. Pablo no tiene seudónimo, es y será Pablo en este texto y fuera de él. Claro que antes de Pablo, tuve que sortear algunas piedras, como los gestos del rosarino que flasheó amor en Purmamarca y me llenó de Bonobones la maceta del hostel custodiado por una tierna llama que luego degustamos en milanesas, empanadas y otras delicias autóctonas. Un carilindo romanticón que tenía muchas condiciones: arquitecto, fotógrafo de hobby, atento, divertido, pensante. Fue una ilusión la de volver a encontrarnos tiempo después del cerro, el mate y la peña. Cuando cada uno regresó a su ciudad, seguimos hablando por Whatsapp, hasta que un día me dijo: perdoname si cuelgo, acaba de llegar mi novia.
Explicar otra decepción no agrega color al texto. Este sujeto, tal vez fue el más astuto al permitirse la piratería fuera de su ciudad natal. Amelia, hay algo en tu energía, estás dando una imagen que los tipos malinterpretan, no te valorás lo suficiente. ¿WTF? Después de archivar a mis muertos, ignorar llamados y escupir bombones, me tomé un descanso. El resentimiento hacia el mundo chongueril duró lo que mi instinto se mantuvo contenido, hasta que en algún lado escuché a alguien hablar del tema, o algún algoritmo de internet pensó que ya había sufrido lo suficiente y me sugirió bajarme una App de citas. Así es, más o menos, como llegué a Tinder y al modo no menos casual de conocer pijas multiformato. Esta aplicación es una suerte de catálogo fotográfico de hombres y mujeres, un book interminable de escaso contenido literario, en el que algunos pocos descollan sus descripciones. Y aún teniendo una carta de presentación potable para complementar a una buena selección de fotos, o a la inversa, la experiencia te lleva a desconfiar del marketing personal. No somos los que decimos ser. Replicamos nuestras figuritas en cuanta red social se presenta, adaptando el marco a cada plataforma. Volviendo a Tinder, se la categoriza como una herramienta para encuentros casuales. ¿Cómo funciona? Después de configurar cuestiones relacionadas a sexo, edad y rango geográfico, se accede a los perfiles, que no son más que una foto o selección de ellas, con un nombre, y debajo, dos íconos que representan tu decisión: si deslizás tu dedo hacia el corazón, le das; hacia la cruz, no le das. Si tu juicio frívolo se arrepiente porque viste de cerca la foto, el baño pobretón, te pareció forzada la pose, o te inquieta saber si los niños son los hijos, se puede bloquear ese perfil de dicha oferta. Te convertís en persona una vez que concretás una cita cara a cara. Ni siquiera el tiempo que destines a tratar de conocer a esa persona por chat, que puede iniciarse en la aplicación, y luego pasar a WhatsApp, que es otra aplicación que pareciera avanzar hacia cierta intencionalidad real, ni siquiera esa cotidianidad compartida en el fluir de mensajes y audios, puede reemplazar al hecho físico de compartir un café, una birra o un polvo. Las experiencias son acumulables como los contactos que van llenando tu agenda. Sí, podés coger en cuestión de minutos u horas, sobretodo si tu charla empieza cerca de la nochecita de un día cualquiera. Aunque manifiestes que no estás interesada en un garche express, cualquier sujeto puede sorprenderte entre mensaje y mensaje: me voy a duchar, linda! acompañado de una foto mitad torso, mitad calzón, sin jeta. Eso es lo que yo llamo, la foto p, o foto pija, también podría ser la foto banana o berenjena, pero la foto p tiene más impacto. Si respondés con tu foto p, o bueno, foto c, entrás en la dinámica del sexting*, y es posible, que no haya retorno. La única manera de no tocar fondo es suspender el estofado de cuerpos, voces, pijas, culos, tetas y conchas por un rato. El caldo se vuelve tan denso y oscuro, que te colma hasta reventar, hasta estallar en pedazos, hasta deconstruirte en las partes del todo. Ahí estás, otra vez flotando entre la tripa gorda y la pata de chancho. Es difícil encontrar el modo de comer a tu ritmo. Sé que no voy a renunciar a la carne, me niego a ser veggie como también a intercambiar figuritas con amigas de mis amigas, con amigas de amigas de mis amigas. Late, nola. Es posible que hayas compartido chongo con alguna conocida y hasta tengas la sororidad de advertir a otras mujeres, en caso de que tu cita haya sido un completo desastre. Ojo que este flaco se queja del precio de las rabas. Vas a tener que comer papas fritas, o conformarte con el maní toqueteado. Sí, entre nosotras nos apoyamos y compartimos las fotos y prontuarios para allanarle el camino a las que vendrán. Por momentos, te cansa, querés dejar de probar, de salir, de tener que mostrarme encantadora. Ya fue, que se me vean los hilos. Una esperanza asoma cuando conocés a un flaco que te gusta y se muestra caballero, no pone la excusa del feminismo para ir a medias. Relajate, disfrutá, sé vos. Cuando te encanta y pensás que fluye, empieza el aire. Tarda en responder, pone excusas para verte, contesta todo con emojis. No le gustaste, algo no le gustó, algo que dijiste, algo que pensaste en voz alta. Se lo traga la tierra, como a los muertos del mundo físico. No todos los chongos virtuales mueren después de corporizarse, algunos persisten un tiempito, otros son almas con insomnio que deambulan en el limbo virtual hasta desvanecerse, son avestruces curiosos sin apetito. Se acaba de separar, está chongueando con varias, se bajó la app para joder, no sabe lo que quiere, le gustó más la otra, vive más cerca, está confundido, volvió con la ex. Podrías seguir elucubrando posibilidades acerca de por qué alguien desaparece sin dejar rastros, eliminándote de su vida como si fueras un mensaje equivocado. No importa si compartiste fluidos de todo tipo o tu visión del mundo. Cualquier excusa para dejar de ver a alguien suena berreta y la honestidad, innecesariamente cruel. El silencio comunica, basta disiparse en la virtualidad. Como si no fuésemos humanos. Lo que decepciona es la falta de humanidad. Volvés a ser un perfil. Después de un par de pajas mentales intentando descubrir el móvil, nos gana el pragmatismo de un posteo instagramero: adiós a los que se fueron, gracias a los que se quedaron y bienvenidos los que vienen.

Un comentario en “De pijas y bombones

  1. Hernán dice:

    Juaz!
    Me escape del catalogo y vine a leerte, colega.
    Impecable y un poco sucio a la vez.
    No se si pueda seguir este tren.
    pasate por mi blog
    Me voy a dar una ducha, linda.
    ooops!! el toallon se cayó! :p

    jaja…
    Segui asi que te sigo 🙂

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