Tengo una tendencia compulsiva a auto-compadecerme que no se resuelve ni en una año de terapia. Me creí el discurso de que mi actividad me ha vuelto solitaria y consecuentemente, muy amiga del tinto, entre otras cosas. ¿O será que ya era un ser poco sociable antes de mi salto al mundo gastronómico? Pienso que no importa el orden. El punto es que esta sensación de soledad me ha permitido desarrollar habilidades ignotas como hablarle a un roast beef, dedicar frases pomposas al Parmesano, tener más proveedores que amigos, oler el verso a lo lejos y pelear con ahínco por un paquete de albahaca. Pienso, también, cuán cargada estaría mi hoja de vida en Linkedin si pudiera expresar este caudal de sabiduría aprehendida. Siempre fui una ermitaña encubierta, solo que ahora puedo justificar esa cualidad en la vida que llevo.

Amante de la comunicación en todas sus formas. Eterna soñadora, intérprete, artista, mujer y niña.

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