La vida que llevo

Tengo una tendencia compulsiva a auto-compadecerme que no se resuelve ni en una año de terapia. Me creí el discurso de que mi actividad me ha vuelto solitaria y consecuentemente, muy amiga del tinto, entre otras cosas. ¿O será que ya era un ser poco sociable antes de mi salto al mundo gastronómico? Pienso que no importa el orden. El punto es que esta sensación de soledad me ha permitido desarrollar habilidades ignotas como hablarle a un roast beef, dedicar frases pomposas al Parmesano, tener más proveedores que amigos, oler el verso a lo lejos y pelear con ahínco por un paquete de albahaca. Pienso, también, cuán cargada estaría mi hoja de vida en Linkedin si pudiera expresar este caudal de sabiduría aprehendida. Siempre fui una ermitaña encubierta, solo que ahora puedo justificar esa cualidad en la vida que llevo.

Que viva el drama

Mientras intentaba encontrar inspiración para escribir, recordé aquel cuaderno receptor de mis grandes catarsis. Frases, sentimientos, planteos existenciales y sobretodo, cartas a Santiago. Al leer aquellas hojas manuscritas con un poco de dificultad por la caligrafía desprolija, reviví la dulzura de grandes ilusiones que fueron socavadas por numerosas decepciones al cabo de unos pocos renglones. Qué simple se había vuelto conmover desde el desamor, la tristeza y el enojo. Cuántas páginas le había dedicado a toda esa novela.

Al fin y al cabo, después de tanto andar, entendí que lo que había definido como amor, era más bien una obsesión, un deseo de poseer lo que no se tiene, de abordar lo impenetrable. Una idea fija e inamovible. Con tiempo y unos cuántos golpes, entendí que para amar hacen falta dos personas. Que lo unidireccional no funciona. Que la idea fija puede removerse, que no dura para siempre si uno se predispone a alterar el curso natural de la frustración. Y que sos un pelotudo si no te das cuenta de que el papel de víctima es aburrido y tedioso.

Hay historias que no están destinadas a ser. Punto. Hay que saber soltar, soltar, soltar, como dicen un sinfín de mensajes replicados en las redes o dibujados sobre pieles de todos los colores. Soltar y avanzar, o avanzar y soltar, cualquiera sea el orden, no altera el producto. Y lo que queda después de la remoción profunda, es lo que se aprehende, lo que se adhiere, lo que te hace crecer, tomar autoridad sobre tu propia realidad y atreverte a vivir lo que venga.

¡Que viva el drama!