Rompebolista

Les voy a contar mi teoría no científica de por qué soy una loca obsesiva de la limpieza y de por qué me adjudiqué el TOC de la higiene compulsiva.
Me baño dos veces al día, pudiendo llegar a tres en los meses de calor. Tengo mayor presupuesto en jabón en polvo que en comida. Es de público conocimiento que te recibo en semi-pelotas con un secador y un trapo de piso. El piso blanco de mi casa favorece a mis conductas de asepsia total. Una gota sin secar es una futura marca que no puedo ignorar por el resto de mi jodida existencia. Puedo vivir con desorden visual, pero no con manchas. Puedo bancarme un grano con pus pero no una mancha. Por eso tampoco puedo salir sin maquillaje porque mi cara no es perfecta, claro, tiene manchas. ¿A qué se debe esta rareza? Ya dejé de culpar a mi madre por tirarme sal en la ropa cuando me caía una gota de aceite en pilcha recién estrenada, o cuando me frotaba la mancha con un trapito con soda para evitar que se fijara en la tela. No, esa no es causal de semejante desmadro mental. Será que soy de Virgo, y entre nuestras características figuran detallistas, perfeccionistas, rompebolistas. No tengo la más puta idea de si esta cualidad que me acompaña tiene que ver con el signo. Lo que sí confirmo es mi capacidad de saltear el todo para detenerme en la parte, en esa pequeña porción manchada, imperfecta, humana.

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