Rompebolista

Les voy a contar mi teoría no científica de por qué soy una loca obsesiva de la limpieza y de por qué me adjudiqué el TOC de la higiene compulsiva.
Me baño dos veces al día, pudiendo llegar a tres en los meses de calor. Tengo mayor presupuesto en jabón en polvo que en comida. Es de público conocimiento que te recibo en semi-pelotas con un secador y un trapo de piso. El piso blanco de mi casa favorece a mis conductas de asepsia total. Una gota sin secar es una futura marca que no puedo ignorar por el resto de mi jodida existencia. Puedo vivir con desorden visual, pero no con manchas. Puedo bancarme un grano con pus pero no una mancha. Por eso tampoco puedo salir sin maquillaje porque mi cara no es perfecta, claro, tiene manchas. ¿A qué se debe esta rareza? Ya dejé de culpar a mi madre por tirarme sal en la ropa cuando me caía una gota de aceite en pilcha recién estrenada, o cuando me frotaba la mancha con un trapito con soda para evitar que se fijara en la tela. No, esa no es causal de semejante desmadro mental. Será que soy de Virgo, y entre nuestras características figuran detallistas, perfeccionistas, rompebolistas. No tengo la más puta idea de si esta cualidad que me acompaña tiene que ver con el signo. Lo que sí confirmo es mi capacidad de saltear el todo para detenerme en la parte, en esa pequeña porción manchada, imperfecta, humana.

Memorias de una desertora

Diseño de Indumentaria y Textil. En la UBA, porque es la mejor universidad, porque Nati estudió ahí, porque nadie te regala nada, porque no hay favoritismos, porque la burocracia te lo hace más difícil, porque las universidades privadas son una extensión de los colegios privados a la que van a parar los acomodados.  Por eso elijo la UBA, precisamente la FADU, la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. El ciclo básico, común para todas las carreras de diseño y arquitectura, me resulta muy duro, sobre todo las materias exactas, pero no es nada que no pueda superar con horas de culo en silla y profesora particular. Dura, cabeza dura la mía si las hay. Las materias humanísticas me resultan sencillas en comparación a la dificultad de encontrar el punto de fuga o hacer un croquis a mano alzada y sin línea peluda, típica de los inseguros que van hilvanando trazos cortos apretando suavemente el lápiz porque temen equivocarse. ¿Y se equivocan? Sí, más que los que aprietan fuerte,  porque no se arriesgan. ¿Y el resultado es bueno? No, es un dibujo deshilachado, sin gracia ni determinación.  Pero pese a las vicisitudes, estudiando, intentando, pidiendo ayuda a arquitectos, durmiendo poco, llorando un poco y  frustrándome otro poco, voy transitando el  CBC, aprobando las materias en los primeros llamados a final y completando la libreta. Y llega el momento del primer año de la carrera. Wow, todas estas minas, que son como 400, quieren ser diseñadoras. Sí, ellas y un grupete de flacos más puntillosos y estetas que cualquier mujer. La paranoia colectiva, el exceso de cafeína, la amenaza de suicidio masivo. Diseño 1 es filtro, Medios Expresivos es filtro y cafetera de filtro. La competencia es ardua pero con los meses, muchos abandonan el barco y van quedando los que tienen las garras suficientes para aferrarse a las mesas de taller, soportar las críticas y rehacer trabajos por cuestiones subjetivas, relativas al profesor o al ayudante de cátedra que la hace padecer porque fue tan infeliz como vos.  No queda más remedio si querés coser trapos. Porque para ver tu nombre en una marquesina, tus prendas en una vidriera y tu nombre en una etiqueta, tenés que empezar desde cero. Sin olvidarnos del talento, el factor suerte y el capital. Todo visto desde los anteojos de una joven que no aspiraba a exhibir remeritas sobre una lona en una plaza. La misma joven que no podía soportar ser una alumna 6 o 7 y que por eso fue una de las tantas desertoras hacia el final del primer año, con casi todas las materias aprobadas.

¿Se la podía culpar por no imaginarse un futuro entre telas y modelos? ¿O más podía culpársela por no soportar la presión y ahogarse antes de que el barco se hundiera?

Haciendo equilibrio

Amelita Dinamita circula haciendo equilibrio, trastabillando por la cuerda floja. Amelita quiere ser escritora pero se inventa las mil y un excusas para no serlo, porque en la vida siempre hay algo más urgente que dedicarle tiempo al placer de la catarsis literaria. Amelita quiere ser escritora pero no encuentra el modo de ordenarse, de generarse el hábito de trabajar en pos de aquel sueño que más de una noche la desvela. Amelita quiere ser escritora, pero fantasea demasiado con el resultado desestimando la riqueza del proceso para llegar a convertirse en artista de la palabra.
Amelita, ¿de verdad querés ser escritora? ¿Cuál es tu miedo? ¿Por qué remás contra la corriente de alcanzar la preciada zanahoria? ¿No ves que se está burlando de tu falta de perseverancia? Luchá, Amelita, luchá.