Algo parecido

Mientras voy buscando algo que se le parezca al amor, voy probando diferentes cortes. Pienso en la primera vez que vi a Ernesto, mi carnicero. Cuando se presentó, le aclaré con un tono rudo medio áspero mal copiado de algún gastronómico:
-Mirá, Ernesto, yo no me caso con nadie. Si vos no cumplís, detrás de la puerta tengo una fila esperando.
Pero Ernesto se puso la 10, agregó el pechito de cerdo a mi carta, y ahora, es un éxito arrasador que casi destrozó a la bondiola braseada. Ernesto sabe vender y sabe cómo atender a una mujer. Aunque para una mina que no está acostumbrada a que la llamen todos los días, resulta un tipo demasiado atento. El otro día me llamó solamente para dejarme su teléfono particular y me dijo:
-Amelia, yo soy tu proveedor y tengo que cuidarte. Y eso fue lo más parecido a una declaración de amor que alguien me haya expresado alguna vez. Ernesto, un ex gordito de tenues pecas, con sonrisa de medio hemisferio y ojos de perro cansado, resultó ser hombre de pelo en pecho. Hombre de dicho y hecho. Un trabajador incansable que procura que mi heladera esté siempre llena.