Elsa

Hoy me desperté pensando en ella. Volví a verla en el living comedor de la casa de mis padres, elegante y serena. Con su cabello negro azabache prolijamente batido, sus ojos verdes profundo, su piel blanca por el talco, sus finos labios pintados de rojo carmín.

La recuerdo hermosa, sentada frente al televisor, esperando ansiosa un nuevo capítulo de su novela preferida. Interrumpo la espera para ofrecerle un café con leche, que bato enérgicamente como ella me enseñó, para que salga bien espumoso. Le acerco la taza a la mesa, junto con unas galletitas y una servilleta de papel.  No pasará mucho tiempo para que esa servilleta se convierta en el soporte de un gran dibujo con posible futuro de cuadro en mil colores o Canson en lápiz negro.

La recuerdo talentosa, artista del pincel y de la voz de un ángel. Todo la emociona; una escena romántica, una melodía clásica, un cuadro de patinaje artístico; la vida misma. Me niego a mirarla. La miro de reojo porque sé que puedo lagrimear con su misma facilidad. Aunque intento contenerme, en instantes nuestras lágrimas saladas correrán por nuestras mejillas hasta caer en el mantel de nylon de mamá.

La recuerdo decidida, pisando fuerte en cada lugar al que hacía honor con su bella presencia. Fuera por su temperamento o por su elegancia, nunca pasaba desapercibida.  Le pregunto acerca de la vida, de sus elecciones personales. Hablamos acerca del amor y de los hombres. Me cuenta que eligió al abuelo para casarse y formar una familia, dejando a un lado a unos cuantos pretendientes y una promisoria carrera como cantante profesional. Sonríe orgullosa mientras menciona a sus hijos e intuyo que volvería a tomar el mismo camino.

Hoy me desperté pensando en ella. Volví a escucharla tararear una frase “…resistiré, erguida frente a todo…”

Imagen

Aunque

Aunque no te gusten las sorpresas
Aunque discutamos más de lo que vivimos
Aunque pregunte demasiado
Aunque hablemos de frialdad
Aunque me resista una y otra vez
Aunque me contradiga.
Encontrarme en tus ojos
Escucharte reír de nuevo
Emocionarme con tu guitarra
Besarnos hasta quedarnos sin aire
Sentir tu piel y tu perfume
Dormir con vos una vez más
Tiene sentido para mí.

Viajar al Norte – Parte 1

Cuando alguien me comenta “estuviste en el Norte” pienso en Josefina y en mí. Una colorada y una morocha, dos porteñas emprendiendo una aventura sin mochila. Llegar a San Salvador de Jujuy y ver un aeropuerto empapelado con fotos de desaparecidos, averiguar la forma más conveniente para llegar a la terminal de micros, subirse a un taxi con una italiana sin rumbo fijo. Llegar a la terminal y buscar un micro que nos lleve a Tilcara. Esperar con las valijas mientras observamos el entorno sin hablar. Subirnos al micro ploteado con el nombre Evelia, una empresa que nos acompañaría durante gran parte del viaje. Observar el paisaje mientras viajamos, coincidir con la Colo en que había sido buena idea no quedarnos en la capital jujeña. Contemplar el paisaje a través de las ventanas del micro.
Para mí, es el primer contacto real con los cerros. Presiento que va a ser un viaje increíble. Y no me equivoco.

Pienso mucho

Pienso. Mucho. Pienso cuántas veces nuestra imaginación genera historias que chocan con la realidad. Una realidad que no es buena ni mala. Es. Es la que es. 

Pienso. Mucho. Pienso cuántas veces esperamos que el otro sea de la forma en la que lo soñamos, lo construimos, lo idealizamos. Es como una especie de proyecto unipersonal, como el diseño del prototipo perfecto que venimos pergeñando hace tiempo.

Pienso. Mucho. Pienso cuántas veces desechamos algo por ser contradictorio a lo que maquinamos. 

¿Y si esas diferencias fueran la clave? 

Me gusta lo diferente. Me gusta lo que no responde a mis cánones. Me gusta lo que escapa a lo ordinario, a lo que debe ser, a lo conveniente, a lo pertinente. Apostar a lo que nadie apuesta. Dar una oportunidad. Ver un sol que asoma en donde otros pronostican mal tiempo.